viernes, 26 de abril de 2013

26/abril



¿Recordás cómo mirabas mis libros?
Allí estaban para vos, todos y cada uno de ellos.

Antes debería de hacer remembranza del trayecto San ***** a Santa *** que aún todavía odiamos, 1 año después; a pesar de ello, el viaje no fue tan tedioso y en un abrir y cerrar de ojos conociste el lugar donde desde hace 21 años vivo.
Era la primera vez que venías a mi casa... Y era un imperativo que mi habitación tenía que estar lo suficientemente nítida, porque bien dice el dicho "no hay una segunda oportunidad para una primera buena impresión". Y allí dentro de un rato ibas a estar. ¿Haciendo qué? Lo mismo que éste viernes en la tarde.

¡Cuánto anhelaba cocinarte! Pero ya habías comido esa pasta que tanto te gusta en el segundo piso de aquél restaurante al que no hace mucho fuimos, otro más de esos lugares público de los cuales reclamamos posesión a través de nuestros arraigados simbolismos. Lo de cocinar quedaría para otros días, esos famosos co-cos nuestros.

Lo que no te diré es cuánto transcurrió entre abrir la puerta y desnudar nuestros cuerpos. Curiosa analogía, abrir las puertas como metáfora para mostrarnos tal y como somos, dejando de lado el pudor empujados por una corriente libínidosa que buscaba envolvernos en el más delirante éxtasis del sexo.

Allí estabas, saboreando lo que a nadie le muestro. Con tus pechos perfectos, tu cintura de ensueño y las demás cosas que mi inquieta mirada contemplaban.
En algo tenemos que ser lo suficientemente francos, las cobijas y las almohadas siempre son nuestras silenciosas víctimas: siempre acaban en lugares tan extraños como desordenados.

Y de pronto una llamada que se hizo eterna...
No fui impulsivo, pero tenía ganas de agarrar tu teléfono y colgarla de inmediato: ya habíamos traspado la frontera donde el preámbulo ya no es suficiente.
Y al fin la llamada terminó.

¿Qué nos quedaba por hacer?
#Cap7

No lo leí, lo recité, como vos misma me lo pediste...
Los ecos de ese capítulo nos dejaron una tierna práctica: la de los cíclopes.
Hacemos nacer costumbres con palabras y hacemos palabras que hacen nacer costumbres.

¿Qué veo? Espalda, cabello, hombros, naranjas holandesas, botones de encendido...
rollin' in the bed y ahora tus abrazadors labios, tus estilizados pechos y tu paradisíaco ombligo, tus huesos que todavía muerdo, mi sudor en tu abdomen, tus susurros en mi oído, tus manos y las mías que luego se deslizan donde el calor es más intenso.

¿Cuánto tiempo ha pasado?
Esa tarde no recuerdo, pero cuando leás ésto es exactamente hace 1 año.






No hay comentarios:

Publicar un comentario